Entrevista a Marcelo Tinelli para Revista Hola 2011

Entrevista a Marcelo Tinelli para Revista Hola 2011

Escrito por notifama 18 de mayo del 2011
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Entrevista a Marcelo Tinelli para Revista Hola 2011

Debido a que Marcelo Tinelli, ha debutado está semana con un nuevo ciclo de Showmatch, dentro de cuál se va a llevar acabo la competencia de baile denominada Bailando por un Sueño 2011, es que tanto revistas como diarios, le han realizados entrevistas. El día de hoy, y gracias a que la revista Hola Argentina subió un fragmento de la misma a su web, es que se las queríamos dejar, para que la disfruten!!

Es increíble: el hombre más importante de la televisión argentina, que ocupa la pantalla durante nueve horas cada semana, se reconoce incómodo frente a una cámara de fotos. Le da vergüenza. Se siente ridículo. Muchas veces no se gusta. Y, no lo dice pero lo sabemos, no lo necesita. Tenerlo plantado en un set de fotografía supone un éxito editorial prácticamente inaudito. Hace años que no le pone el cuerpo a una producción. “Por lo menos, siete años, quizás ocho”, jura su jefa de prensa. Todas las entrevistas que concedió en ese tiempo fueron ilustradas por retratos que le tomó su fotógrafo personal, Jorge Luengo. O con imágenes de su entrenamiento diario.

Tenemos a Marcelo Tinelli (51) bajo los flashes. Aceptó posar para ¡Hola! Argentina. No puso condiciones. Trajo a su maquilladora, Irene Paré, y a su peinador, Elvio Casciano. Jamás pretendimos imponer nuestro vestuario: por el contrario, lo alentamos a que nos mostrara su nueva colección de ropa. Está todo a la vista: trajes, camisas, sacos, zapatos, medias y pañuelos que lucirá este año en televisión. En una caja negra, de terciopelo, trajo sus gemelos. Son originales, distintos.

El inminente debut lo tiene alterado. “Ansioso”, corrige. Se supone que un hombre de su experiencia no debería sufrir estos nervios de principiante. “Es como un nudo en la panza”, describe. Estamos a 48 horas de un nuevo debut de ShowMatch, en su vigésima segunda temporada, y la cita es en Ideas del Sur. Marcelo Tinelli es el cimiento más sólido que tiene este edificio, en el barrio de Colegiales, donde trabajan más de quinientas personas. “Si fuese por mí, durante los días previos al debut, me quedaría a dormir en la productora”, insiste. A las diez de la noche del sábado 14 de mayo, en una mesa del bar, en la planta baja, hablamos de la televisión. Y de su vida, claro.

–Se supone que, después de tantos años, no deberías sentir los nervios del estreno.
–Es ansiedad: quiero que llegue el debut. Estos días son terribles. Después, un minuto antes de salir al aire, me agarra una cosa en el estómago tremenda. Pero con veinte segundos en cámara, me siento como en casa. Además, este año sumamos un chiche: la High Definition (HD), todo un tema. Estoy pensando si las luces dan bien, cómo poner las cámaras, el maquillaje… El del HD es otro mundo, se ve como en la PlayStation.

–¿Jugás a la Play?
–Probé, pero soy de madera. Ahora la evito porque me pone muy nervioso. Francisco (13) la tiene atada y me mata a goles. Además, siento que mi hijo y sus amigos no me cuentan todos los secretos. Trato de mirar cómo ponen los dedos y ellos esconden la consola. Entonces, “chau”, no juego más.

–Se supone que tenés todo: poder, una familia que te acompaña…
–[Interrumpe.] Yo siempre tuve todo. En realidad, durante toda mi vida sentí que lo que tenía, poco o mucho, era todo. Cuando estaba en Bolívar, tenía a mi viejo, estaba con mi mamá… Iba al colegio y tenía lo mismo que mis compañeros: todo. Nunca necesité más.

–¿Cuál es tu motivación para volver a hacer el programa cada año?
–Justamente eso: hacer el programa, estar en la tele. ¿Te parece poco? Mi entusiasmo no pasa por lo económico. Es simple: el día que no tenga ganas de venir, dejo todo. Mi estímulo no es batir récords de audiencia. El año pasado hicimos un promedio de 30 puntos de rating, marca histórica para un programa diario. Pero el año anterior el promedio era 21,8 y también me sentí muy feliz. ¿Qué te quiero decir con esto? Que trabajo para hacer el mayor rating posible, pero vuelvo a la tele porque lo disfruto. Soy un agradecido de la vida, cada mañana pienso: “¡Qué bueno poder laburar de lo que me gusta!”. Yo vivo el presente. Siempre digo lo mismo: ser olvidadizo es una bendición para mí.

–¿Qué querés decir con eso?
–Que lo anterior ya está. Vivo el hoy. No me interesa arrastrar cosas. No quiero que el pasado me condicione el futuro. No me siento a descansar sobre mis triunfos o mis fracasos. Me olvido de que hice 40 puntos de rating y también me olvido de cuando perdía por 15 puntos con Son amores. Muchos piensan que “la tengo atada” o que “las viví todas”, pero yo no dejo de sorprenderme. En eso me siento como un chico, pese a la edad que tengo.

–A propósito, ¿existe la crisis de los 50?
–A mí me golpeó bastante. Es que el 50, como número, espanta. Suena muy grande, parecen muchos años. Pero después del primer bajón, que sólo duró algunos días, empecé a disfrutarlos. Es una buena edad, me siento pleno en todo sentido. Hago lo que quiero, tengo una linda familia y buenos amigos. Además, hago cosas que antes no hacía.

–¿Por ejemplo?
–Vivir con mis hijas. Ellas se mudaron a mi departamento y pasamos el día juntos. Imaginate: Micaela tiene casi 23 años y Candelaria, 20. Estar con las chicas me renueva, me rejuvenece. ¡Hasta me animo a ir a los boliches con ellas!

–Una experiencia extraña, imagino.
–No, muy divertida. Me encanta.

–Físicamente, estás impecable. ¿Sos obsesivo con el cuidado del cuerpo?
–Yo entreno desde que tenía 9 o 10 años. Ahora hago mi rutina de ejercicios todos los días, con Pablo Benadiva, que es mi personal trainer. También tengo un nutricionista, Martín Viñuales, a quien trato de darle la mayor bola posible. Por ahí, durante el verano, cuando no estoy en la tele, me voy de mambo y me dejo estar un poco. Pero en la temporada de trabajo soy muy metódico: como sano y no tomo alcohol.

ICONO DE ESTILO
Su cambio de look es radical. Desde hace algunos años, Marcelo Tinelli fue renovando su vestuario hasta convertirse en un referente de la moda. Fue imagen de Etiqueta Negra y, en 2010, optó por un estilo mucho más audaz: “Decidí jugar más con los colores cuando descubrí la línea que largó Tom Ford después de alejarse de Gucci”, cuenta.

–¿También estás al tanto de lo que pasa en el mundo de la moda?
–Sí, claro. Cuando fui a la primera casa Tom Ford, de cuatro pisos, en Milán, me caí de espaldas. Es increíble. Llegué con Federico Ribero y me desmayé. Yo quería escaparles a los trajes negros, grises, azules… Y ahí encontré los pantalones cuadriculados.

–Algunos de tus equipos son bastante jugados. Tenés un saco con estampado de flores que fue el comentario de todos.
–[Ríe.] Yo me animo. El saco floreado impactó mucho. La responsable de todo es mi vestuarista, María Vilariño, que es una jugada total. Cuando me dijo que para el primer programa me quería vestir de rosa, le dije: “Pará un poco”. Pero después me puse el traje y me pareció increíble. Este año viene el moño, es la última moda, y lo voy a usar en el programa. Todo esto no existe en Argentina, pero creo que vendería muy bien acá.

–De hecho, entiendo que sos la cara de una nueva maison.
–Este año me va a vestir Liguria, una marca nueva que está haciendo la ropa que me gusta. Vinieron a Ideas del Sur y me dijeron: “Te queremos vestir, queremos hacer una marca con vos”. Es más, querían que fuera la cara de la firma en la campaña gráfica, pero me dio pudor. Puedo hacerlo en la televisión, en una nota en ¡Hola! Argentina, pero no me siento cómodo jugando al modelito. Lo de Liguria es tremendo: trajeron telas increíbles desde India, le encargan los pañuelos al mismo tipo que se los hace a Tom Ford…

–¿Cuál es tu límite a la hora de vestir?
–Mi límite está en mi gusto. Simple: no me pongo nada que me resulte feo.

VIVIR EN UN REALITY
Todos sabemos –o creemos saber– qué hace y con quién sale. Conocemos a sus hijos, sus amigos. Cada uno de sus movimientos aparece reflejado en la televisión o en las revistas. Antes de comenzar la entrevista acordamos no preguntar nada acerca de su vida privada. Su estado civil actual es “separado”. Por las dudas, aclaramos: está solo, sin compromisos.

–¿Cómo es vivir con todo el mundo pendiente de cada uno de tus movimientos?
–Ya estoy acostumbrado. Antes estaba incómodo con la situación, pero lo solucioné con mucho tiempo de terapia. Llevo doce años de diván. Imaginate: antes no me subía a un auto si no tenía vidrios polarizados… Ahora salgo a la calle sin problemas, no permito que la mirada del otro cambie mi proceder. Trato de hacer todo, de no perderme nada. Yo voy a comer a Gardiner todos los domingos con mi familia y la paso bárbaro. Si alguien me clava la mirada, no me molesta. Para ser sincero, debo reconocer que yo también miro bastante.

–Cuando viajás, en algunos destinos, debés vivir la extraña experiencia del anonimato.
–Cuando voy a Europa a veranear con mis hijos, disfruto de ser uno más. Hace días estuve en Manchester con dos amigos y nos dieron ganas de ir a bailar. Preguntamos dónde y nos recomendaron un boliche que se llama Revolution. Yo fui como estaba: en remera y zapatillas, medio zaparrastroso. Llegamos a la puerta y tuvimos que enfrentar la “situación patovica”. Hicimos la cola, como buenos vecinos, hasta que llegamos a la puerta. El patovica me miró de pies a cabeza, como si me estuviese escaneando, lo pensó unos segundos y me dijo: “Okay”. ¡No te imaginás mi cara de alivio! Nos miramos con mis amigos y saltamos de alegría.

Antes del final, hablamos de política. Se supone que es uno de los hombres más influyentes de Argentina y, en un año de elecciones presidenciales, semejante título lo ubica en un lugar de mucho poder. “Yo no siento el poder que me adjudican”, asegura. Después, en pocas palabras, explica por qué prefiere evitar cualquier definición pública: “Yo no me quiero sumar al debate del ‘porro o no porro’ ni al de ‘seguridad o inseguridad’. Si me pedís que te hable de Argentina, te voy a decir lo que digo siempre, que es lo que siento: estoy muy feliz de vivir en nuestro país”, insiste. Y se despide con un apretón de manos. “Espero haberlos ayudado”, dice. Se pone de pie y, antes de partir, tira su definición menos esperada: “Ojalá que mañana gane Boquita”, dice. Habla del superclásico entre Boca Juniors y River Plate.

–Insólito. ¿Te hiciste hincha de Boca?
–Nunca. Pero si gana Boca, tengo chances de que Riquelme baile en el primer programa.

Sigue trabajando.


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